El Tribunal explicó en detalle cómo ocurrió el “vale todo” en la casa de Bibi Sánchez

El Colegio de Jueces de Segunda Instancia de la Cuarta Circunscripción Judicial, Jorge A. Andrés, Bruno Netri y Oscar J. Burtnik, que actuó como tribunal de apelación de juicio oral,y que ratificó la condena a la Bibi Sánchez y a Czerwiec, Chamorro, Barrientos, Coria, Vega, Serrudo, Sola y Petroli por los delitos de Promoción y Facilitamiento de la Corrupción de menores de dieciocho años y de menores de trece años de edad, dio a conocer en detalle de qué manera sucedieron las cosas en casa de la exempleada judicial.

El Tribunal precisó que tal como se ha sostenido al momento de realizar la reconstrucción histórica, “los dichos de los imputados ya permiten ensayar el rol que les cupo durante el encuentro, toda vez que mencionan la música y la ingesta de alcohol”.

Sin embargo, es con los testimonios de las víctimas (de las cuales se protege su nombre) que se puede sindicar con claridad la intervención que tuvo cada uno a lo largo de las horas en que se sucedieron los hechos:

De esta manera, Mauro Alexis Chamorro bailaba en el lugar al tiempo que se desvestía, quedando en ropa interior y, eventualmente, desnudo frente a los presentes, mientras la imputada Nilda Emilia Clementina Sánchez y la menor (…..)  le bajaban los calzoncillos o le agarraban su miembro como si fuera una diversión. Además, él se subía a bailar arriba de una mesa y le apoyaba sus órganos genitales a las mujeres que se encontra ban en el lugar.

Este imputado también besaba a la menor nombrada y a su hermana (…..), y a la menor Estefanía (….) También realizaba tocamientos en sus senos y entrepiernas, y le proponía a todas las femeninas mantener relaciones sexuales con él; hasta que tiraron un colchón al piso y se acostó en ropa interior junto a la imputada a dormir.

Mauricio Daniel Sola intentaba de manera reiterada besar en la boca a (…..), y a esta última de manera reiterada le manoseaba las piernas. Además, había sacado unos billetes del bolsillo y ofrecía pagarles a las femeninas que estaban en el lugar para tener sexo.

El sábado, pasado el mediodía, y cuando (…..) estaba pidiendo dinero porque necesitaba arreglar la rueda de la moto que se le había pinchado, el imputado se lo ofreció a cambio de mantener relaciones sexuales.

También volvió reiterar la oferta a …., y cuando hizo lo propio con (….), ésta le pegó una cachetada en el rostro.

En el lugar, Julio Javier Coria también bailaba con Nilda Emilia Clementina Sánchez; él, además, de manera reiterada besaba en la boca a las mujeres, entre ellas, a las menores (….). También culminó durmiendo en el colchón junto a los nombrados Sánchez y Chamorro.

Si bien es cierto, como alega su abogado defensor, que José Roberto Ernesto Petroli permaneció poco tiempo en el lugar, su aporte no fue insignificante. En efecto, era propietario de uno de los vehículos que trasladó personas y alcohol hasta la reunión, y en el lugar, permaneció a un costado, sentado, hablando con Nilda Emilia Clementina Sánchez (con quien se retiró a comprar más cerveza), desplegando aunque más no sea, una actividad voyeurista, pues si desaprobaba la situación, se hubiera retirado de inmediato, no como lo hizo recién alrededor de las 8,00 hs.

Pero además, y contrariamente a lo que sostiene la defensa, el testimonio de una de las menores lo ubica en contacto con el grupo de mujeres de La Gallareta, en especial con (…..), con quien se abrazaba y besaba.

De igual manera no puede sostenerse que no llevó ningún tipo de acción Mario Marcelo Vega, que si bien es cierto que se encontraba en el lugar ingiriendo bebidas alcohólicas, constantemente invitaba a distintas mujeres a ir a la pieza.

En concreto, se dirigió hacia (….) y le dijo que “si salía con él no le faltaría nada”, en clara referencia a una compensación económica por sus servicios de acompañamiento, entre los que obviamente se incluía el sexual.

A su vez Diego Higinio Serrudo, que también ha bía ingerido abundante bebidas alcohólicas, se había sacado la remera (don de le pudieron observar su tatuaje) y bailaba en el lugar con el torso desnudo, proponiendo a las femeninas mantener relaciones sexuales y besándose con la menor (…)

Por su parte Nilda Emilia Clementina Sánchez se acariciaba de manera libidinosa con Juan Manuel Czerwiec, también frente a los concurrentes, y entre ambos le llevaron la propuesta a las  (…..) de mantener relaciones sexuales, grupalmente, por dinero (lo que las menores denominaron el “vale todo”).

El imputado (……), ingería alcohol y bailaba, y cuando se le acercó (….) de 12 años de edad, bailándole de espaldas, apoyándole los glúteos en sus genitales, éste permitía el roce, al tiempo que bailaba y levantaba los brazos festejando esa actitud, para luego participar del juego colectivo de darse besos en la boca (los denominados “picos”) entre las mujeres y los hombres.

Como se aprecia, las conductas de los imputados no fue neutra, sino que, por el contrario, todos participaban de una reunión donde se desarrollaron permanentemente actos con connotaciones sexuales, y con la entidad corruptora requerida por el tipo penal endilgado (art. 125 del Cód. Penal).

Por ello, se comparte el análisis que realiza el fallo recurrido, en particular en el voto del vocal Sebastián Creus, en cuanto analiza la evolución y el estado actual del bien jurídico tutelado, como así que estamos en presencia de un delito de peligro, que no exige un resultado, bastando la simple puesta en riesgo del bien para que quede conformado el tipo penal, como en autos.

Tal como reseña el voto “...no puede considerarse ajustado a la madurez, por la edad, de las víctimas, actos de diversión naturalizando el comportamiento sexual con apenas conocidos, exhibiéndose, etc. En una adolescente (o en niñas de doce años), supone una formación distorsionada por precoz, que altera el desarrollo de la personalidad y la formación de criterio futuro para decidir sobre su propia sexualidad y, por ende, queda comprendida una actividad tal dentro del ámbito de la tipicidad objetiva del delito previsto por el artículo 125 del Código Penal…” (voto del vocal Sebastián Creus).

También se comparte la conclusión a la que arriba el magistrado, toda vez que “...la corrupción se consumó en el desarrollo general de la reunión…” y no exclusivamente con prácticas individuales. De allí que el haber arribado voluntariamente al lugar donde se desarrollaban estos hechos, y luego de tomar conocimiento de la naturaleza de la reunión, quedarse y participar con los intervinientes en los bailes impúdicos, los tocamientos, los desnudos, las propuestas sexuales, etc., importa participar activamente de estos hechos corruptores.

En definitiva, cada uno del los imputados que se encontraban allí son considerados autores por haber ejercido el señorío del curso causal.

Aquí se dilucida, asimismo, el elemento subjetivo de la figura que también fue objeto de agravio, dado que siendo las acciones realizadas de manera explícita para los concurrentes, mal pueden decir que desconocían los hechos que se sucedieron.

En consecuencia, si sabiendo las acciones que se desplegaban, aún así optaron por permanecer en el lugar, esto revela indefectiblemente que su voluntad era continuar participando de la fiesta.

Tampoco los imputados pueden ampararse en el desconocimiento de las edades de las víctimas, dado que de los diversos testimonios (y hasta las declaraciones del los propios imputados), surge que se conocían con anterioridad a que ocurrieran los hechos.

Además de que en una comunidad pequeña los contactos sociales son más fluídos, lo que brinda un conocimiento de las situaciones y las personas más amplio.

Por último, también se debe desechar el planteo de la defensa técnica de que los imputados se encontraban alcoholizados, al punto que no comprendían la criminalidad de sus acciones. Conforme los hechos acreditados, aún en el caso de que se hayan encontrado ebrios tanto Mario Marcelo Vega como Claudio Damián Barrientos, como sostiene la defensa, las conductas por ellos desarrolladas son reveladoras de que comprendían sus acciones, y por tanto, merecedoras de reproche.

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